THE NABARRA

El foralismo de conveniencia: la Transitoria Cuarta y el miedo de UPN a la libertad



Por: The Nabarra

UPN ha decidido desempolvar su vieja caja de miedos. La reciente iniciativa anunciada por Cristina Ibarrola para tramitar en el Parlamento de Navarra la derogación de la Disposición Transitoria Cuarta (DT4) de la Constitución no es solo una maniobra política; es una confesión de debilidad intelectual. Resulta paradójico, casi cínico, que quienes se llenan la boca con la palabra "foralismo" dediquen sus energías a intentar capar legalmente la propia capacidad de decisión de los navarros y navarras.

Vayamos a los hechos. La Disposición Transitoria Cuarta es, en esencia, la herramienta constitucional que garantiza que Navarra sea la dueña de su destino. No dice que Navarra deba unirse a la Comunidad Autónoma Vasca; simplemente describe el mecanismo democrático para que, si los navarros así lo deciden, se inicie un proceso de consulta.

Al exigir su derogación, UPN incurre en una contradicción lógica insalvable. Si Navarra es, como dicen, una comunidad madura, foral y soberana en sus competencias, ¿por qué temen tanto un mecanismo que solo se activa mediante la voluntad popular? Eliminar la DT4 no es "proteger a Navarra", es desconfiar de su ciudadanía. Es decirle al pueblo navarro que no es lo suficientemente responsable para decidir sobre su futuro y que, por tanto, necesita un tutor legal en Madrid que le prohíba siquiera hacerse preguntas.

El foralismo, históricamente, ha sido la defensa del autogobierno frente a los intentos de uniformización externa. Sin embargo, el "foralismo" que practica hoy UPN parece haber mutado en una suerte de delegación de confianza hacia los poderes del Estado para que aten de pies y manos a nuestra autonomía.

¿Qué autoridad moral tiene un partido para llamarse defensor de los Fueros cuando su principal obsesión es recortar una facultad reconocida en la Carta Magna? La base de un partido foralista debería basarse en el ensanchamiento de la democracia, no en su asfixia. Al intentar cerrar esta puerta por vía legislativa —buscando el apoyo de un Congreso de los Diputados donde Navarra es solo una pequeña minoría—, Ibarrola está admitiendo que UPN prefiere que se mande desde la capital de España antes que permitir que se vote en la cuenca de Pamplona o en la Ribera.

Pero detrás de los argumentos legales y la retórica parlamentaria, lo que late es el miedo. El trasfondo de esta propuesta es un sentimiento de inseguridad profunda. UPN utiliza la Transitoria Cuarta como el "coco" político para agitar el fantasma de la desaparición de Navarra, cuando la realidad es que la verdadera desaparición de un pueblo ocurre cuando pierde el derecho a decidir por sí mismo.

Es doloroso ver cómo una formación que ha sido central en nuestra comunidad prefiere una Navarra estática, congelada en el tiempo y protegida por muros jurídicos, antes que una Navarra dinámica que confía en su gente. ¿Tan poco confían en su propio proyecto para Navarra que necesitan prohibir por ley que la ciudadanía pueda elegir otro distinto?

La Transitoria Cuarta no es una amenaza: es un seguro de libertad. Querer derogarla no es un acto de valentía navarrista; es el último refugio de quien ya no sabe convencer y solo busca imponer. Navarra no necesita cerrojos, necesita futuro. Y el futuro, por definición, no puede estar prohibido.

El foralismo de conveniencia: la Transitoria Cuarta y el miedo de UPN a la libertad



Por: The Nabarra

UPN ha decidido desempolvar su vieja caja de miedos. La reciente iniciativa anunciada por Cristina Ibarrola para tramitar en el Parlamento de Navarra la derogación de la Disposición Transitoria Cuarta (DT4) de la Constitución no es solo una maniobra política; es una confesión de debilidad intelectual. Resulta paradójico, casi cínico, que quienes se llenan la boca con la palabra "foralismo" dediquen sus energías a intentar capar legalmente la propia capacidad de decisión de los navarros y navarras.

Vayamos a los hechos. La Disposición Transitoria Cuarta es, en esencia, la herramienta constitucional que garantiza que Navarra sea la dueña de su destino. No dice que Navarra deba unirse a la Comunidad Autónoma Vasca; simplemente describe el mecanismo democrático para que, si los navarros así lo deciden, se inicie un proceso de consulta.

Al exigir su derogación, UPN incurre en una contradicción lógica insalvable. Si Navarra es, como dicen, una comunidad madura, foral y soberana en sus competencias, ¿por qué temen tanto un mecanismo que solo se activa mediante la voluntad popular? Eliminar la DT4 no es "proteger a Navarra", es desconfiar de su ciudadanía. Es decirle al pueblo navarro que no es lo suficientemente responsable para decidir sobre su futuro y que, por tanto, necesita un tutor legal en Madrid que le prohíba siquiera hacerse preguntas.

El foralismo, históricamente, ha sido la defensa del autogobierno frente a los intentos de uniformización externa. Sin embargo, el "foralismo" que practica hoy UPN parece haber mutado en una suerte de delegación de confianza hacia los poderes del Estado para que aten de pies y manos a nuestra autonomía.

¿Qué autoridad moral tiene un partido para llamarse defensor de los Fueros cuando su principal obsesión es recortar una facultad reconocida en la Carta Magna? La base de un partido foralista debería basarse en el ensanchamiento de la democracia, no en su asfixia. Al intentar cerrar esta puerta por vía legislativa —buscando el apoyo de un Congreso de los Diputados donde Navarra es solo una pequeña minoría—, Ibarrola está admitiendo que UPN prefiere que se mande desde la capital de España antes que permitir que se vote en la cuenca de Pamplona o en la Ribera.

Pero detrás de los argumentos legales y la retórica parlamentaria, lo que late es el miedo. El trasfondo de esta propuesta es un sentimiento de inseguridad profunda. UPN utiliza la Transitoria Cuarta como el "coco" político para agitar el fantasma de la desaparición de Navarra, cuando la realidad es que la verdadera desaparición de un pueblo ocurre cuando pierde el derecho a decidir por sí mismo.

Es doloroso ver cómo una formación que ha sido central en nuestra comunidad prefiere una Navarra estática, congelada en el tiempo y protegida por muros jurídicos, antes que una Navarra dinámica que confía en su gente. ¿Tan poco confían en su propio proyecto para Navarra que necesitan prohibir por ley que la ciudadanía pueda elegir otro distinto?

La Transitoria Cuarta no es una amenaza: es un seguro de libertad. Querer derogarla no es un acto de valentía navarrista; es el último refugio de quien ya no sabe convencer y solo busca imponer. Navarra no necesita cerrojos, necesita futuro. Y el futuro, por definición, no puede estar prohibido.

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