El pecado de la hucha llena
marzo 30, 2026
Por: The Nabarra
Hay una frialdad casi quirúrgica en la forma en que algunas administraciones gestionan el éxito. Nos dicen que Navarra nada en la abundancia del superávit de 2024, una montaña de millones que duerme el sueño de los justos en una cuenta bancaria mientras la realidad de la calle se desangra en las salas de espera. Porque, seamos claros: un superávit no invertido en una sociedad con listas de espera récord no es buena gestión, es una bofetada a la ciudadanía.
¿En qué listas de espera se pierde la dignidad de los navarros? No hay que irse muy lejos. Hablemos de los más de 65.000 pacientes que aguardan una primera consulta con un especialista. Hablemos de los meses —que a veces parecen siglos— para una operación de cataratas o una prótesis de cadera que devuelva la movilidad a nuestros mayores.
Pero si hay un abismo donde el silencio del superávit clama al cielo, es en la Salud Mental. En una Navarra donde la ansiedad y la depresión se han convertido en la pandemia invisible de la posmodernidad, tener a jóvenes esperando meses para una primera cita con un psicólogo clínico es un fracaso colectivo. El plan de Contigo-Zurekin no pide milagros; pide que esos millones se conviertan en batas blancas, en más horas de consulta y en menos "vuelva usted mañana".
El dinero está. Los profesionales están dispuestos. Lo que falta es la voluntad política de entender que la estabilidad presupuestaria es un medio, no un fin. No se puede presumir de salud financiera cuando la Atención Primaria, el corazón de nuestro sistema, está al borde del infarto por falta de recursos y sustituciones que ese superávit podría costear mañana mismo si hubiera valentía.
La propuesta de movilizar ese excedente hacia lo que "la gente echa en falta" es, en el fondo, una cuestión de decencia. Es elegir entre el aplauso de los mercados o el alivio de una familia que por fin ve a su hijo o hija atendidos. Navarra no necesita ser la más rica del cementerio contable; necesita ser la comunidad que mejor cuida a los suyos. Y para eso, la hucha tiene que romperse ya.
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