THE NABARRA La Nabarra de verdad

El rico del cementerio

Por: The Nabarra

​Hay una forma de vanidad política que consiste en morir con la cuenta corriente llena mientras la casa se cae a pedazos. Alejandro Toquero ha decidido que su legado en Tudela no sean los parques, ni las escuelas, ni un Casco Antiguo con pulso, sino un extracto bancario. Presumir de 7 millones de euros de superávit y de una hucha de 22,7 millones de remanente en pleno 2026 no es un ejercicio de solvencia; es el síntoma de una parálisis administrativa que asusta. En un mundo donde la inflación devora el valor del dinero cada segundo que pasa, tener esa fortuna inmovilizada es, técnicamente, una estafa al contribuyente. Toquero no está ahorrando: está dejando que el patrimonio de los tudelanos se evapore por su incapacidad para convertir los presupuestos en realidad.

​La Tudela de UPN es un decorado de cartón piedra que se desmorona en cuanto rascas la pintura. Es obsceno acumular millones mientras las familias del Huertas Mayores suplican por una cubierta para el patio que el alcalde se niega a financiar, parapetado en una guerra de competencias con el Gobierno de Navarra que solo sirve para alimentar su perfil de Instagram. Es negligente lucir músculo financiero cuando la Escuela Infantil de Lourdes ha llegado a los 30 grados centígrados por un mantenimiento miserable que Toquero solo atiende cuando el escándalo ya ha manchado el titular del día. No falta dinero, sobra soberbia y falta gestión. El superávit de este Ayuntamiento no es fruto de la eficiencia, sino del "truco Sementales": presupuestar inversiones faraónicas que nunca se ejecutan para que ese capital vuelva a la caja y permita sacar pecho en la siguiente rueda de prensa. Es el bucle infinito del humo pagado a precio de oro.

​Lo más sangrante es que este botín ni siquiera es mérito de su puño. El dinero llueve de las transferencias récord de ese Estado y esa Navarra a los que Toquero desprecia de lunes a domingo, sumado a una recaudación inflada por unos precios que asfixian al vecino pero engordan la caja municipal. Sin embargo, para lo suyo no ha habido esperas ni "trámites farragosos". En los presupuestos de 2026, mientras los centros sociales languidecen y el transporte urbano sigue anclado en el siglo pasado, la subida salarial del alcalde y sus concejales se ha tramitado con una agilidad envidiable. Hay dinero para el bolsillo de la corte de UPN y hay dinero para que el banco haga negocio con nuestro ahorro; solo faltan fondos para la Tudela que pisa el barro. Toquero ha decidido ser el hombre más rico del cementerio político, olvidando que un alcalde no está para guardar monedas, sino para gastarlas en donde más se duele la ciudad. El superávit de UPN no es una medalla; es la factura de todo lo que Toquero no ha sabido hacer.


El rico del cementerio

Por: The Nabarra

​Hay una forma de vanidad política que consiste en morir con la cuenta corriente llena mientras la casa se cae a pedazos. Alejandro Toquero ha decidido que su legado en Tudela no sean los parques, ni las escuelas, ni un Casco Antiguo con pulso, sino un extracto bancario. Presumir de 7 millones de euros de superávit y de una hucha de 22,7 millones de remanente en pleno 2026 no es un ejercicio de solvencia; es el síntoma de una parálisis administrativa que asusta. En un mundo donde la inflación devora el valor del dinero cada segundo que pasa, tener esa fortuna inmovilizada es, técnicamente, una estafa al contribuyente. Toquero no está ahorrando: está dejando que el patrimonio de los tudelanos se evapore por su incapacidad para convertir los presupuestos en realidad.

​La Tudela de UPN es un decorado de cartón piedra que se desmorona en cuanto rascas la pintura. Es obsceno acumular millones mientras las familias del Huertas Mayores suplican por una cubierta para el patio que el alcalde se niega a financiar, parapetado en una guerra de competencias con el Gobierno de Navarra que solo sirve para alimentar su perfil de Instagram. Es negligente lucir músculo financiero cuando la Escuela Infantil de Lourdes ha llegado a los 30 grados centígrados por un mantenimiento miserable que Toquero solo atiende cuando el escándalo ya ha manchado el titular del día. No falta dinero, sobra soberbia y falta gestión. El superávit de este Ayuntamiento no es fruto de la eficiencia, sino del "truco Sementales": presupuestar inversiones faraónicas que nunca se ejecutan para que ese capital vuelva a la caja y permita sacar pecho en la siguiente rueda de prensa. Es el bucle infinito del humo pagado a precio de oro.

​Lo más sangrante es que este botín ni siquiera es mérito de su puño. El dinero llueve de las transferencias récord de ese Estado y esa Navarra a los que Toquero desprecia de lunes a domingo, sumado a una recaudación inflada por unos precios que asfixian al vecino pero engordan la caja municipal. Sin embargo, para lo suyo no ha habido esperas ni "trámites farragosos". En los presupuestos de 2026, mientras los centros sociales languidecen y el transporte urbano sigue anclado en el siglo pasado, la subida salarial del alcalde y sus concejales se ha tramitado con una agilidad envidiable. Hay dinero para el bolsillo de la corte de UPN y hay dinero para que el banco haga negocio con nuestro ahorro; solo faltan fondos para la Tudela que pisa el barro. Toquero ha decidido ser el hombre más rico del cementerio político, olvidando que un alcalde no está para guardar monedas, sino para gastarlas en donde más se duele la ciudad. El superávit de UPN no es una medalla; es la factura de todo lo que Toquero no ha sabido hacer.


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